Si tienes muchos años por delante, o al menos eso esperas, esta es una historia que probablemente te sirva.
Te la cuento de forma muy breve.
En casa de mis abuelos ocurría algo mágico.
Desde que recuerdo, los yogures que comía allí traían una sorpresa. En el fondo del yogur aparecía siempre una canica.
Entonces no sabía por qué sólo ocurría en aquella casa.
Tampoco sabía por qué mi abuela me traía todos los yogures abiertos y sin la tapa.
A veces, la canica se me perdía y después, inexplicablemente, aparecía otra canica exactamente igual en el fondo de otro yogur.
Más mayor, descubrí que mi abuela Josefa dejaba caer la canica dentro del yogur antes de dármelo.
Jamás he comido tantos yogures como entonces. Incluso después de saber que las canicas las metía mi abuela.
La canica cambió mi forma de ver los yogures.
Mi forma de ver. Mi forma de ver. Mi forma de ver.
Con más de 50 años, cometí un error grave por mi forma equivocada de ver.
La reflexión que surgió de este dolor supuso para mí el mayor descubrimiento de mi vida. Esta averiguación me llevó a vivir el Cielo aquí en la Tierra, y alcanzar todos mis éxitos. Y aunque es un aprendizaje válido para todo el mundo, me he marcado el objetivo de que su contenido llegue AL 100% DE LOS JÓVENES del planeta, para que ellos vean si puede ser útil para su vida. A este propósito lo he llamado 100J.
No estoy seguro de que sea para ti, pero aquí debajo cuentas con la ocasión de comprobarlo.