Nunca imaginé que algunos testimonios pudieran ayudar tanto.
Ahora te explicaré cuáles y por qué. Pero para ello, déjame que te antes te cuente una historia muy útil para interpretar lo que ves a tu alrededor.
Voy rápido.
Hace años, un amigo que trabajaba en un laboratorio de fotografía me contó un secreto que estaban aplicando en las fotos de aquellas bodas que les contrataban.
Habían descubierto que Toño, otro de los trabajadores del laboratorio, tenía los ojos especialmente brillantes.
Por este motivo, cuando, a la hora de preparar el reportaje fotográfico de cada boda, comprobaban que la novia había salido en alguna fotografía con los ojos cerrados, o más apagados, le colocaban los ojos de Toño.
A su vez, las novias, al recoger sus fotos, se sorprendían muy efusivamente por lo expresiva que les parecía su mirada.
No entro en si es correcto o no cambiarle los ojos a las novias, sin que lo supieran, para que ellas se vieran más guapas. Te cuento todo esto porque, al igual que las novias de esta historia no conocían toda la verdad sobre las fotografías, nosotros igualmente casi nunca tenemos toda la información cuando opinamos.
En mi caso, recibo comentarios críticos, y también de personas agradecidas. Al final, todas son opiniones, con menor o mayor información. Sin embargo, con todo, las opiniones verdaderamente importantes para mí son las de las personas que me explican las necesidades que han podido satisfacer aplicando este método y como se sienten por ello, porque eso es lo que está vivo en cada uno de nosotros: necesidades y sentimientos.
Tal como yo lo veo, estás ante la decisión más valiosa. Tienes tres opciones. Primera: creer a los detractores. Segunda: hacer caso a los que han seguido y vivido estas ideas. O tercera: suscribirte sin ninguna obligación para construir tu propia perspectiva, y obtener un provecho inimaginable de ello.
De las tres opciones, ¿cuál eliges?